Image map

Analysis of Argentinian Supreme Court Case on Press Freedom

La Corte debió decidir si puede ser responsable civilmente un medio de comunicación por la publicación de una carta de una lectora, cuando en ella se hacen acusaciones respecto a conductas irregulares o cuestionables por parte de un funcionario público. Igualmente debió decidir si la autora de la carta debe ser responsable por las afirmaciones consignadas en la misma.

The Court had to decide whether a media outlet can be held civilly liable for publishing a letter from a reader that makes allegations about misdeeds or objectionable conduct by a public official. It also had to decide whether the author of the letter should be held liable for the statements therein.



La primera consideración que hace la Corte, es con respecto a la responsabilidad de la autora de la carta. Al respecto expresa que “tratándose de informaciones referidas a funcionarios públicos —como en el sub lite—, figuras públicas o particulares que hubieren intervenido en cuestiones de esa índole, cuando la noticia tuviera expresiones falsas o inexactas, los que se consideran afectados deben demostrar que quien emitió la expresión o imputación conocía la falsedad de la noticia y obró con conocimiento de que eran falsas o con notoria despreocupación por su veracidad” [p. 24]. Indicó la Corte que el demandante no demostró que la autora hubiera conocido de la falsedad de la información consignada en la carta ni que hubiera obrado con total despreocupación por la verdad de las afirmaciones. Por lo tanto, desestimó el recurso y confirmó la sentencia que absolvía a la demandada.

Con respecto a la demanda contra el periódico y su director, la Corte hizo alusión a la sentencia "New York Times v. Sullivan" de la Corte Suprema estadounidense, para explicar la diferencia en la protección de la libertad de expresión cuando se trata de funcionarios público o cuando se trata de personas privadas. En efecto, reafirmó la protección reforzada para expresiones en contra de funcionarios públicos que ya había indicado cuando se refirió a los cargos contra la autora de la carta. Por lo tanto, ratificó la necesidad de que haya existido conocimiento de la falsedad de la información publicada y desprecio por la veracidad de la misma para que un medio deba indemnizar a los involucrados.


La Corte explica que esto es así, por cuanto exigir al medio como requisito previo a una publicación de interés público, que hubiere logrado identificar la plena “realidad de los hechos”, resulta en extremo dificil. Por esta razón, imponer esta condición puede conducir a la autocensura de la referida información, por el miedo a no poder probar la plena veracidad de la misma. Según la Corte, esta sentencia “coincide con lo expresado por varias jurisdicciones constitucionales en el sentido de que la libertad de expresión no comprende tan solo la tutela de las afirmaciones ‘verdaderas’, sino que se extiende a aquellas que, aun no correspondiéndose con la realidad, han sido emitidas de una forma tal que no merece un juicio de reproche de suficiente entidad” [p. 4].

The Court first analyzed the liability of the author of the letter. It held that “in cases involving information about public officials (as in the case at hand), public figures, or individuals who are involved in such matters, if the news item contains false or inaccurate statements, those believing they have been harmed must show that the person who made the statements or accusation was aware of the falsity of the news item and acted with knowledge that the statements were false, or with reckless disregard for the truth thereof.” (p. 24). The Court noted that the plaintiff had not shown that the author had been aware of the falsity of the information in the letter or that she had acted with total disregard for the truth of the statements. It therefore dismissed the appeal and upheld the judgment acquitting the defendant.



With regard to the lawsuit against the newspaper and its editor, the Court referred to the judgment “New York Times v. Sullivan” handed down by the Supreme Court of the United States, in order to explain the difference between the protection of freedom of expression for public officials and for private individuals. The Court essentially reaffirmed that statements against public officials are afforded enhanced protection, as it had already stated regarding the charges against the author of the letter. Thus, it confirmed that for a media outlet to be required to compensate those involved, there must have been knowledge of the falsity of the information published and contempt for the truth of this information.

The Court explained that this is the case because requiring the media outlet to identify the full “truth of the facts” prior to publishing information of public interest would be extremely difficult. Imposing this condition could lead to self-censorship of such information, out of fear of not being able to prove the full truth thereof. According to the Court, this judgment “is in line with rulings by numerous courts with constitutional jurisdiction, affirming that freedom of expression not only protects ‘true’ statements, but also extends to statements that, although not describing reality, were made in a manner that was insufficient to merit a rebuke.” (p. 4).





Excerpts of analysis of the case Dahlgren, Jorge Eric v. Editorial Chaco SA, by the Foundation for Freedom of the Press (FLIP)